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Torta alemana

Alejandra Benz

56 pg. / Poesía

Colección brillo de poesía joven

2012

 

Jugo de piedras

Nunca tomamos posiciones claras.
Nos gusta jugar el juego de quién
olvida primero.
Creí ganar, como todos.
Las palabras me siguieron y se hospedaron
en mi boca, hotel barato,
surgieron bastardas,
las creí oportunas
como la buena música, que rebota
en el cuerpo y se instala en el alma.
Estamos esperando, dijeron,
no las pude sacar, tampoco
me ofrecían nada milagroso.
Uno siempre está a la espera de algo,
según un antiguo convencionalismo.
Me puse a pensar. Lo hacía bastante
a menudo. Nunca nada brillante
o no estaría escribiendo esto.
En realidad pensé como se piensa siempre,
se piensa pensando para no pensar en algo,
en mi caso eran las palabras huésped.
Pensé en todas las oportunidades
en las que había llorado, mirando
fotos viejas que me devolvían uno a
uno los sueños que había dejado a medias,
los de los cinco, diez, quince, veinte años,
lloré mirándome al espejo, lloré por alegrías que
no me pertenecen, como casi todas las cosas,
por muertos que me conmovían,
por los desencuentros que fueron miles,
los falsos cansancios que me agobiaron,
las certezas que tuve, lloré de miedo
a estar muy sola y no tener refugio,
al engaño y la mentira, y usé las dos
hasta el hartazgo, lloré
por calles que pisaba,
en los días de tedio, callejón sin salida
del pensamiento,
las derrotas y el sabor amargo
de ver mis cuadros, mis discos y mis libros.
Lloré acordándome de que lloré, previsible ironía,
qué forma cobarde de secarme la cara,
terminar pensando lo que pensaba no pensar.

 

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